Ese
día no había empezado nada bien para él.
Abrió
los ojos sobresaltado y con la respiración entrecortada, sintiendo
como su corazón parecía que en cualquier instante se saldría de su
pecho. Con cuidado se llevó una mano a su cabello negro y estiró
los brazos para desperezarse.
Otra
vez aquel sueño había sido su compañero al irse a dormir, bueno
¿Sueño? Tal vez debería llamarse pesadilla.
Cuando
cerraba los ojos para descansar aquellas imágenes acudían a su
mente una tras otra, haciéndole recordar todo lo sucedido hasta ese
mismo día. Un sueño donde de forma aún inexplicable, las sombras
de todo el mundo se habían levantado, adoptando la apariencia de
inmensas criaturas cuyo único fin parecía ser destruir todo lo que
se encontrasen por su paso, vidas humanas incluidas.
Ni
siquiera los ejércitos de todos los países en conjunto habían sido
capaces de herir a una sola de aquellas extrañas criaturas, pues
todo tipo de arremetida lanzada con cualquier tipo de arma hacía uno
de esos seres era inútil, ya que atravesaban sus cuerpos como si
de seres incorpóreos se tratasen.
Aquellas
monstruos hicieron de la Tierra su nuevo hogar. Un mundo dónde el
caos estaba al orden del día, dónde los humanos se habían visto
obligados a vivir en cuevas como refugios, pues había sido la
decisión más acertada ya que tiempo atrás se había demostrado que
aquellas quimeras tenían la suficiente inteligencia como para saber
que los edificios eran habitados por los humanos, y estos, una vez
dándose cuenta de aquello tuvieron que volver a habitar en cavernas,
ya que era la mejor opción posible en aquella situación.
Saliendo únicamente cuando era imprescindible, conseguir sustentos, medicinas,
todo lo posible para sobrevivir en medio de todo aquel infierno del
que nadie podía dar explicación a el porqué se había originado.
En
aquel sueño, su mejor amiga se quedaba atrás para distraer a una de
aquellas criaturas; para impedir que devorasen a sus familias. Ella
debía estar ahí afuera, o al menos esa era la esperanza que el
tenía. La imaginaba vagando de ciudad en ciudad, sobreviviendo con
la poca comida que uno podía encontrar en esos tiempos, teniendo que
beber agua caliente, echando de menos una cama mullida donde poder
dormir, o la compañía de más personas.
O
quizás, había llegado a otro refugio, el no podía asegurarse de
ello...pero sólo esperaba que sí.
Y
aquel había sido su sueño. El de un mundo en pleno apocalipsis,
donde los humanos luchaban día tras día para sobrevivir.
Giró
su cabeza con cuidado, encontrando el exterior de aquel refugio,
descubriendo que no había sido solamente producto de su mente cuando
descansaba, aquello era real, y no un producto de su subconsciente
cuando cerraba los ojos.
Su
mirada se centró en el color verde que fuera se encontraba, la
vegetación había aumentado debido a que la contaminación ya no se
estaba llevando a cabo,-algo bueno que se había sacado de todo aquel
caos-, las pocas ciudades que podían encontrarse estaban
completamente destruidas, y no había rastro de más personas,
exceptuando las que se encontraban en aquel refugio donde sus padres
habían decidido asentarse.
Su
nombre era Tobias, y podía asegurar que sería todo un reto llegar a
los diecisiete años con aquellos seres deambulando por todo el
mundo. Pero ya tenía una meta, aquella noche se marcharía del
refugio para encontrar a su amiga y llevarla de vuelta con sus
padres.
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