jueves, 11 de agosto de 2016

Prólogo

Ese día no había empezado nada bien para él.
Abrió los ojos sobresaltado y con la respiración entrecortada, sintiendo como su corazón parecía que en cualquier instante se saldría de su pecho. Con cuidado se llevó una mano a su cabello negro y estiró los brazos para desperezarse.
Otra vez aquel sueño había sido su compañero al irse a dormir, bueno ¿Sueño? Tal vez debería llamarse pesadilla.
Cuando cerraba los ojos para descansar aquellas imágenes acudían a su mente una tras otra, haciéndole recordar todo lo sucedido hasta ese mismo día. Un sueño donde de forma aún inexplicable, las sombras de todo el mundo se habían levantado, adoptando la apariencia de inmensas criaturas cuyo único fin parecía ser destruir todo lo que se encontrasen por su paso, vidas humanas incluidas.
Ni siquiera los ejércitos de todos los países en conjunto habían sido capaces de herir a una sola de aquellas extrañas criaturas, pues todo tipo de arremetida lanzada con cualquier tipo de arma hacía uno de esos seres era inútil, ya que atravesaban sus cuerpos como si de seres incorpóreos se tratasen.
Aquellas monstruos hicieron de la Tierra su nuevo hogar. Un mundo dónde el caos estaba al orden del día, dónde los humanos se habían visto obligados a vivir en cuevas como refugios, pues había sido la decisión más acertada ya que tiempo atrás se había demostrado que aquellas quimeras tenían la suficiente inteligencia como para saber que los edificios eran habitados por los humanos, y estos, una vez dándose cuenta de aquello tuvieron que volver a habitar en cavernas, ya que era la mejor opción posible en aquella situación.
Saliendo únicamente cuando era imprescindible, conseguir sustentos, medicinas, todo lo posible para sobrevivir en medio de todo aquel infierno del que nadie podía dar explicación a el porqué se había originado.


En aquel sueño, su mejor amiga se quedaba atrás para distraer a una de aquellas criaturas; para impedir que devorasen a sus familias. Ella debía estar ahí afuera, o al menos esa era la esperanza que el tenía. La imaginaba vagando de ciudad en ciudad, sobreviviendo con la poca comida que uno podía encontrar en esos tiempos, teniendo que beber agua caliente, echando de menos una cama mullida donde poder dormir, o la compañía de más personas.
O quizás, había llegado a otro refugio, el no podía asegurarse de ello...pero sólo esperaba que sí.
Y aquel había sido su sueño. El de un mundo en pleno apocalipsis, donde los humanos luchaban día tras día para sobrevivir.
Giró su cabeza con cuidado, encontrando el exterior de aquel refugio, descubriendo que no había sido solamente producto de su mente cuando descansaba, aquello era real, y no un producto de su subconsciente cuando cerraba los ojos.
Su mirada se centró en el color verde que fuera se encontraba, la vegetación había aumentado debido a que la contaminación ya no se estaba llevando a cabo,-algo bueno que se había sacado de todo aquel caos-, las pocas ciudades que podían encontrarse estaban completamente destruidas, y no había rastro de más personas, exceptuando las que se encontraban en aquel refugio donde sus padres habían decidido asentarse.

Su nombre era Tobias, y podía asegurar que sería todo un reto llegar a los diecisiete años con aquellos seres deambulando por todo el mundo. Pero ya tenía una meta, aquella noche se marcharía del refugio para encontrar a su amiga y llevarla de vuelta con sus padres.

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